El cultivo de chiles mexicanos en España: así empezamos en 2014
En enero de 2014 alquilamos un campo abandonado de 831 metros cuadrados porque era lo más barato que encontramos. Ciento sesenta y cinco días después ya cortábamos jalapeños. Así empezó el cultivo de chiles mexicanos en España de Jalapeños Tu Gitana, contado con las fechas exactas de las fotos que hicimos aquel año.
Un campo abandonado, el 16 de enero de 2014
El 16 de enero de 2014, a mediodía, fuimos Isabel y yo a ver un campo abandonado.
Ochocientos treinta y un metros cuadrados en la Ribera Alta, entre una acequia y el terraplén de la vía del tren. Una hanegada valenciana, que es la medida de toda la vida por aquí. Tierra negra sin labrar, matojos por toda la superficie y un carrizo seco creciendo en el borde. Hacía años que nadie plantaba nada allí.
Aun así lo alquilamos, porque era lo más barato que encontramos.
Yo estaba en el paro. No había trabajado el campo en mi vida. Me crié fuera de México y el picante ni siquiera me gustaba.
Un mes después, exactamente el 16 de febrero, un domingo por la tarde, entró el tractor a pasar los pinchos: la reja que rompe en profundidad la suela de labor, esa costra dura que dejan los años sin arar. Isabel se subió al borde de la acequia a mirar cómo la máquina levantaba la tierra.
Es la primera foto que nos hicimos en aquella parcela: ella haciendo equilibrios sobre el hormigón, el tractor detrás y el campo todavía pelado.
Antes de todo esto hubo un balcón en Picassent
Yo programaba pantógrafos de control numérico en una empresa del sector de la madera. Buen trabajo, buen sueldo. Llegó la crisis de 2008 y un par de años después la empresa cerró. Me quedé en el paro y no encontraba nada.
Para llenar las horas empecé a plantar en el balcón de casa. Lechugas, escarola, perejil, un calabacín. Lo que cabía en una jardinera.
Tengo una foto de aquello, hecha con el móvil el 27 de abril de 2012 a las siete y media de la mañana. Un parado fotografiando sus lechugas al amanecer. Ese es el minuto cero de todo esto.
Del balcón de casa a la hanegada de la Ribera Alta. Dos años de diferencia.
Las semillas que pedí sin querer
Mi hermano vino de México a hacer un doctorado y me preguntó qué quería que me trajera. Le pedí semillas de jalapeño y de serrano.
No las pedí por nostalgia. Aquí conviene decir una cosa que no suele decirse, y menos en la web de un mexicano: yo me crié fuera de México. El trabajo de mi padre nos llevó de un país a otro desde que era niño. No tengo un arraigo fuerte a una cultura ni a una cocina concretas; me adapto a donde esté. Y el picante, por entonces, ni siquiera me gustaba. No lo toleraba bien.
En realidad pedí aquellas semillas porque tenía macetas vacías y todo el tiempo del mundo.
Las sembré en abril de 2013: seis macetas en total, entre jalapeños y serranos. El 13 de junio tenía una planta de veinte centímetros en una maceta de barro. El 26 de julio esa misma planta estaba cargada de jalapeños hechos, verde oscuro, de hombro ancho. Le hice una foto apartando una hoja con la mano y se la mandé por WhatsApp a mi hermano.
Él me había traído la semilla desde México. Yo le devolvía la foto de lo que había salido.
Me sobraban kilos y no sabía qué hacer con ellos
Y salieron tantos que en pocas semanas tenía kilos de jalapeños y de serranos en casa sin saber qué hacer con ellos. Empecé a preguntar en grupos de Facebook, que era la herramienta de la época, por si alguien los quería.
La respuesta me desbordó. Escribía gente de toda España pidiendo. No unos pocos: muchos.
Ahí entendí algo que no había entendido en toda mi vida:
Yo no sabía lo que era echar de menos un sabor. Me lo enseñaron ellos.
Escribí al Consulado de México para saber cuántos éramos en España, e hice números con Isabel. En este proyecto ella y yo repartimos el trabajo desde el primer día: yo traía las semillas y sabía de máquinas; Isabel sabía del campo. Su familia trabajaba en el campo, y su tío Francisco, al que en el pueblo llamaban el Mona, nos fue enseñando lo que un agricultor tarda una vida en aprender: cuándo plantar, las lunas, los riegos, los abonos.
Un cartel amarillo con mi nombre
El 25 de febrero de 2014 encargamos la siembra en un semillero profesional. El 13 de marzo, a mediodía, fuimos a ver si había germinado.
Había germinado.
Todavía conservo las fotos de los carteles amarillos clavados en las bandejas, escritos a mano por alguien del semillero:
CARLOS OMAR 451
SP
SERRANO
25.2.14
5 B
Cinco bandejas de serrano: eso es lo que dice el cartel, «5 B». Al lado había otro con el número 453 y veinte bandejas de chile ancho. Los pedidos iban correlativos, uno por variedad, todos sembrados el mismo día.
Es lo más parecido que tenemos a una escritura de fundación: un rótulo de plástico amarillo, con mi nombre escrito a rotulador, clavado en una bandeja de turba.
Un caballo para abrir los surcos
El 20 de marzo pagamos un rotovátor para dejar la tierra mullida. El cepellón de un plantón de chile es diminuto y en tierra apelmazada la raíz no arranca. Aquel día, cuarenta y seis minutos después de que hiciéramos la foto, entró oficialmente la primavera.
El 24 de marzo, a las once menos cuarto de la mañana, entró un caballo en el campo.
Los pinchos y el rotovátor los habíamos pagado a tractoristas. Pero los caballones —el surco levantado donde de verdad se planta— los abrió un hombre del pueblo con un animal de tiro y un aporcador de discos: dos discos encarados, ligeramente inclinados, que van echando la tierra hacia los lados hasta levantar el surco. Trajo al caballo en un remolque. Nosotros mirábamos desde el margen.
En el fondo de esa foto, de pie sobre el borde de la acequia, salen Isabel y su tío Francisco, el Mona. Él no estaba trabajando: estaba mirando cómo se hacía, que es lo que hace un maestro.
No teníamos casi dinero, y el poco que había se estaba yendo en labores agrícolas que no sabíamos hacer nosotros.
El plan B se llamaba bachoqueta
A las dos menos cuarto de esa misma tarde dimos el primer riego. El agua entró por los surcos y se quedó parada entre los caballones, marrón y quieta.
Si te fijas en la foto, solo está mojada la mitad del campo.
En la otra mitad no plantamos chile. Sembramos bachoqueta, que es como llamamos aquí a la judía verde; en México le decimos ejote. Una misma planta, dos orillas, dos nombres.
Era el plan B. Por si los chiles no tenían futuro.
Eso es lo que había de verdad en marzo de 2014: media hanegada apostada y media hanegada de red. No éramos dos idealistas convencidos de nada. Éramos dos personas en el paro que se estaban gastando lo que no tenían y que dejaron una salida por si aquello salía mal.
25 de abril de 2014: el trasplante
Cubrimos los caballones con plástico negro. El chile es una planta subtropical y la primavera de aquí no es la de allá: el plástico calienta la tierra, guarda el agua y no deja crecer la hierba. Después abrimos los agujeros y fuimos metiendo las plantas una a una, a mano.
Dos meses justos después de la siembra, día por día.
Cuando terminamos aquella tarde, a Isabel y a mí no nos quedaban uñas.
Al día siguiente volvimos. Era sábado por la mañana y no había nada que hacer allí. Estaba todo plantado, todo regado, todo cubierto. No hacíamos falta.
Fuimos igual, solo a mirar.
Por qué los chiles mexicanos cultivados en España no se pueden sustituir por importados
Esta es la parte técnica, y explica por qué acabamos dedicándonos a esto y no a revender.
El Capsicum annuum —la especie a la que pertenecen el jalapeño, el serrano y el poblano— es una planta subtropical de ciclo largo. Su fruto fresco es perecedero: aguanta pocos días en condiciones normales y pierde firmeza, aroma y color muy rápido.
Eso significa que un chile fresco de verdad no llega en avión desde México en condiciones. Lo que llega bien es el producto transformado: enlatado, en escabeche, seco, en pasta. Todo eso lo vendemos y es excelente, pero no es lo mismo.
Un jalapeño recién cortado cruje. Un serrano fresco pica de otra manera, más limpia y más viva. Y un poblano —que es el mismo chile que, seco, se llama ancho— solo se puede asar y pelar bien si está fresco de verdad.
Por eso, en definitiva, plantamos en Valencia. El cultivo de chiles mexicanos en España no lo hicimos por romanticismo: era la única forma de que existieran aquí de verdad.
La bandera
A principios de junio las plantas me llegaban por la cintura y había que entutorarlas. Clavamos cañas una detrás de otra, hasta el final de cada caballón.
El 9 de junio de 2014, a las cinco menos cuarto de la tarde, colgué una bandera de México de una de aquellas cañas y le hice una foto.
No había clientes. No había tienda. No había nadie mirando.
Yo era el que se había criado fuera, el que no tenía arraigo, el que ni siquiera toleraba el picante. Y estaba de pie en una parcela abandonada que habíamos alquilado porque era la más barata que encontramos, con ochocientos treinta y un metros cuadrados de chile mexicano creciendo en tierra roja valenciana, cultivado como me había enseñado un agricultor del pueblo.
México no lo traje yo en una maleta. Lo sembramos.
La primera foto de una cosecha de chiles mexicanos en España
El 29 de junio, un domingo a la una y media de la tarde, cogimos una caja de jalapeños y, por primera vez, nos paramos a retratarla. No fue exactamente el primer corte de aquel campo, pero sí la primera vez que Isabel y yo nos hicimos una foto con una cosecha delante.
Hacía un calor de justicia y fuimos en chanclas, porque no aguantamos a cambiarnos. Nos sentamos en dos cajas de campo, en medio del pasillo, con la caja de jalapeños encima de las rodillas, y nos hicimos una foto.
Era la tercera vez que nos retratábamos en aquel campo. La primera, en febrero, Isabel hacía equilibrios sobre la acequia delante de la tierra pelada. La segunda, en abril, levantábamos los brazos delante del plástico negro.
Esta vez había algo dentro de la caja.
Cinco meses antes aquello era una parcela abandonada que nadie quería.
Los 165 días del primer cultivo de chiles mexicanos en España
Lo que no conservamos
Aquel verano no teníamos tienda online. Vendíamos por teléfono y apuntábamos los pedidos a mano en una libreta.
Esa libreta se perdió. Y no me acuerdo de quién fue el primer cliente.
Lo cuento porque es la verdad y porque explica bastante bien cómo era aquello: nadie guarda nada cuando todavía no sabe que está montando una empresa. Guardas las cosas cuando ya sabes que importan. En 2014 apuntábamos los pedidos para no perderlos esa semana, no para enseñárselos a nadie doce años después.
Si alguno de los que nos comprasteis aquel primer verano lees esto, escríbenos. Nos gustaría saber quién fuiste.
Doce años de cultivo de chiles mexicanos en España
De aquella hanegada salió todo lo demás. Hoy Jalapeños Tu Gitana lleva más de una década cultivando chile mexicano en tierra valenciana y llevándolo a toda España, a particulares y a hostelería.
Hoy seguimos siendo Isabel y yo al frente. Cultivamos en tierra valenciana las mismas variedades con las que empezamos —jalapeño, serrano, poblano, tomatillo y habanero— y las llevamos a toda la península, a particulares y a restaurantes. Al chile fresco de nuestro campo le hemos sumado la despensa mexicana completa, de importación: conservas, chiles secos, frijoles, salsas. Yo sigo tocando el código de esta web; lo demás lo sacamos entre los dos.
Seguimos con la misma idea que teníamos aquel domingo de febrero con los pies en el barro: que el sabor de casa no se importa. Se siembra.
Y si quieres seguir por aquí: tenemos un montón de recetas mexicanas para sacarles partido a los chiles frescos, y en el blog vamos contando el resto de la historia. La segunda parte, cómo montamos la tienda, está en Cómo montamos nuestra tienda de productos mexicanos en España.
Preguntas frecuentes
¿Se pueden cultivar chiles mexicanos en España?
Sí. El cultivo de chiles mexicanos en España es viable en clima mediterráneo, con trasplante a partir de finales de abril, acolchado negro para calentar el suelo y riego regular. Nosotros lo hacemos desde 2014 en la Ribera Alta, en Valencia, con jalapeño, serrano, poblano, tomatillo y habanero.
¿De verdad cultiváis vosotros los chiles mexicanos en España?
Sí. Sí. Nuestro cultivo de chiles mexicanos en España empezó en 2014 con una hanegada alquilada en la Ribera Alta y sigue en tierra valenciana. No todo nuestro catálogo es de cultivo propio —las conservas, los secos y muchos productos de despensa son de importación—, pero el chile fresco sale de nuestro campo.
¿En qué se nota el cultivo de chiles mexicanos en España frente a un chile importado?
El fresco cruje, tiene aroma y el picante es más limpio. Esa es la diferencia real entre el cultivo de chiles mexicanos en España y el producto que llega de fuera. El chile fresco es muy perecedero, así que no puede viajar desde México en condiciones. Por eso lo cultivamos aquí.
¿Poblano y ancho son el mismo chile?
Sí. Fresco y verde se llama poblano; seco y oscuro se llama ancho. Es la misma variedad en dos estados distintos.
¿Cuánto tarda el cultivo de chiles mexicanos en España desde la siembra?
En nuestro caso, cuatro meses. Sembramos en semillero el 25 de febrero de 2014, trasplantamos al campo el 25 de abril y cortamos los primeros jalapeños el 29 de junio. El calendario depende del año y de la variedad, pero ese es el ciclo habitual en la huerta valenciana.
¿Qué es una hanegada?
Es la medida de superficie tradicional valenciana. Equivale a unos 831 metros cuadrados, y esa fue toda la superficie del primer cultivo de chiles mexicanos en España que hicimos. Nuestro primer campo era exactamente eso: una hanegada.
¿Hacéis envíos a toda España?
Sí, enviamos a toda la península y también trabajamos con hostelería. Puedes consultar plazos y condiciones en la ficha de cada producto.
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